viernes, 3 de mayo de 2013

Lagarto ocelado (Timon lepidus)





La mañana está espléndida. Y la vida parece aflorar a borbotones. En tres horas de paseo, además de las aves e insectos habituales, veo buitres; halcones; conejos; peces enormes (60 cm) con medio cuerpo fuera  del agua; garzas (tres de una vez); patos (una pareja); galápagos tomando el sol; y un precioso lagarto ocelado que es el motivo de esta entrada.

Caminar por la dehesa implica escuchar cómo se agita la vida alrededor: las plantas se mueven, la tierra sisea. En una de estas la agitación se produce al lado de un pequeño tronco seco. Entonces te acercas despacito, giras el tronco con mucha delicadeza y premio: un precioso lagarto ocelado que se hace el longuis con la esperanza de que no repares en su presencia.

Pero es imposible no hacerlo con ese aspecto antediluviano, ese increíble patrón decorativo que parece pixelado y esos preciosos ocelos azules.

Verle correr es un espectáculo, aunque, eso sí, corto.

Fotos: 3-5-2013

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